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miércoles, 25 de abril de 2012

Mi París Maratón.

 Llegué pronto y hacía frío. Decidido, me colé en el cajón de los que querían llegar a 3h 30. Gente famélica con pinta de comer poco y correr mucho. Bueno, no todos. Alguno de los cuerpos allí encerrados sólo pueden estar propulsados por el miedo. Si no es imposible.
No es que creyese que pudiese correr en ese tiempo pero últimamente  sólo corría a cinco. A cinco, a cinco, a cinco...

Así salgo, Y en el cinco paso a cinco (uno). Coger el ritmo, poner el piloto automático y ser pasajero de mi propio cuerpo. Estrategia habitual en mis carreras: Si alguna vez me reconoces y sabes a que ritmo voy, que sepas que soy como un metrónomo. Sólo que al final palmo.

En el diez paso a cinco (dos). Voy bien pero me meten en un parque. No me gustan los parques. Están llenos de gente de mal vivir. Dejo de mirar el reloj. Me agobia.

En el quince sigo en el parque. Todo es igual. Mira, coño, un árbol. Mierdaparque.
Paso a cinco (tres). Me como un platano. Recuerdo que los plátanos llevan algo bueno (creo recordar que era potasio). Como me aburro pienso en plátanos y sus beneficios. Jodío parque.

Salgo del parque y recupero sensaciones. Hay gente que anima a Gisco. Me acerco al veinte donde está colocada mi jefa. No, mi mujer no, mi jefa. Una costumbre que tengo en las maratones es colocar a uno de mis jefes en distintos puntos de la carrera. En mi vida he tenido cuatro jefes y tres han venido a verme sufrir. Sé que les gusta. Lo hago por ellos. En mi vida he corrido siete maratones y en cinco había jefes colocados.

Paso la media a cinco (tres). Hace tiempo que no veo el reloj. No sé si voy rápido o lento. Intento recordar si estas sensaciones son las mismas que en otras maratones. Pienso que empiezo una media. Y ya estará. Me como otro (trozo de) plátano. Los del 20 son más difíciles de tragar.

En el 25 paso a cinco (dos). Si hubiese visto el reloj me hubiese dicho que era el puto amo. No me lo dije. Sólo corría. Y pensaba que en el 27 me esperaban mi mujer y mi hija. Con su paraguas naranja para que las viera. Les doy un beso y sigo... A un tunel donde un día murio una princesa. No hay dragón pero está caliente y cuesta respirar.

En el 30 creo que voy regular. Paso a cinco (cinco).Y recuerdo mentalmente la historia de la torre de mi izquierda. En este momento tardo un kilómetro en comerme un cuarto de plátano. Y pienso que estoy sólo a tres plátanos de la meta. Doce kilómetros. Lo que suelo correr cuando entreno. Puedo hacerlo.

Pero en el 35 ya estoy muy cansado. Siete son pocos y hay que seguir. Aquí ya paso, sin saberlo, a cinco (nueve). Sufro. Pero es lo que hay. Sólo pienso en correr y llegar. Quiero que se acabe. Nada más.

Y me meten en un parque. Lo sabía, lo esperaba. Pero no hay nadie. Y llega el invitado sorpresa. Noto que mis gemelos están raros. Parece que alguno puede saltar. Y no sé donde quiere llegar si salta. Y en el 37 salta. Me voy al bordillo y los estiro unos segundos. No sé si voy a poder seguir. Pero no pienso caminar. Que quede claro. Y funciona. Sigo más rápido de lo que iba. A unos 5´30´´ que me parecen bien. Pero los gemelos saltarines no pararon allí. Cada vez pasaba menos desde que estiraba hasta que volvía el calambre. No son las piernas. Son todos los músculos que avisan que algo falta. Malditos plátanos. Será porque no eran de Canarias pero me he deshidratado. Demasiada agua y poco isotónica. Tema a investigar y preguntar a mis amigos del blog.

Y así voy. Estirando cada vez más frecuentemente pero siempre corriendo. En el 41,5 veo a mi mujer y mi hija. Está claro que en París no puedes cruzar la meta con los niños.
Veo que no voy a hacer mi marca por menos de un minuto pero no me importa. Está bien. Sólo llegar. Y justo en el cartel del 42 otro tirón muy fuerte. Y me acerco al bordillo y estiro mientras un francés me grita : "Allez Gisco champiñón". No había. Sólo plátanos y no funcionaron. Y sigo, y llego, y no sé si sonrío porque mi cuerpo revienta. Me da un tirón en un brazo, en la espalda y el gemelo busca acomodo fuera de la pierna. Me tiro al suelo en una esquina y una amable asistente me anima a seguir porque más adelante hay comida. Pero no puedo más. Y hace frío a pesar del poncho.
Siempre me pasa igual. Tarde lo que tarde siempre acabo peor que mis compañeros. Pero aquí hace más frío. Tarde casi una hora en recuperarme y salir de aquel corral. Y porque alguien rompió la valla. Si no seguiría allí. En el fondo estoy contento. Tengo ganas de seguir corriendo. Otro día.








domingo, 22 de abril de 2012

La maratón de París. De cómo es.


Llevo tiempo sin escribir pero,  a cambio, tengo muchas cosas que contar.
De hecho, desde la última vez que pasé por aquí, he corrido un maratón y cuarto.
Así que, empiezo por cómo es la maratón de París. Otro día mi carrera.
Lo voy a hacer cronológicamente. Esperando con ello serviros de guía.

Lo primero es apuntarse así que decir que, al contrario de otras grandes maratones, en París no hace falta apuntarse a un sorteo para tener la plaza (al menos hasta 2012). Eso sí, no hay que dudar en hacerlo porque las plazas no duran mucho más de un par de semanas.A mi me costó 91 Euros porque cogí un seguro de 10 por si quería no correrla. Algo más cara que en España pero sin ser disparatada.

En París corren 40.000 personas.  Hubo más de 32.000 llegados que ya es mucho. Cuando te apuntas eliges el tiempo objetivo y se te asigna un equipo de un color. Todo estará señalizado con ese color empezando con la propia feria del corredor. No es ésta mucho más grande que la de Madrid pero, si vas el Sábado, es mejor llegar pronto por que las colas de la entrada eran monumentales cuando salía. La bolsa es muy corriente. La camiseta te la dan al acabar la carrera así que el dorsal con el chip personalizado con nombre o apodo, un par de bolsas de lona y mucha publicidad de carreras y marcas. No sé a vosotros pero a mi las ferias me aburren así que no me quedé mucho.

La salida está muy bien organizada. No puede ser de otra forma porque con esa cantidad de gente o lo haces bien o no sales. Los campos Eliseos están cerrados con unas vallas de dos metros, nada de la típica valla de obra. La salida se divide por tiempos y según el color del dorsal entras en tu corralito. Si cambias de idea y prefieres ir en uno más rápido mejor que vayas pronto porque hay menos control para moverte entre ellos. En cada uno de los corrales hay una plataforma donde se colocan los animadores y me gustó mucho porque se ve muy bien lo que está pasando. La megafonía como corresponde en una carrera internacional es en francés, en inglés y en español.

Cuando se da la salida no esperes salir pronto. Se para un poco la salida para cada uno de los corrales. En mi caso fueron quince minutos sobre la oficial. Aún así estuvo bien. Una vez que crucé la meta me movía al ritmo marcado sin grandes frenazos porque la calle es ancha y los corredores están en los ritmos que deben. En esto, como en todas partes, sus excepciones.

La carrera es completamente llana y la climatología suele ser buena para correr. El día de la carrera estaba nublado y había unos ocho grados. Es importante que alguien te lleve abrigo a la llegada. Con tanta gente corriendo hay mucha gente que anima. Especialmente en las zonas que la organización recomienda. La verdad es que se portaron muy bien estos franceses. También muchos españoles con banderas entre el público. Sí, la señora esa gorda que cruza en todas las carreras estaba también. A puntito de llevarme por delante a alguno.

El circuito va paralelo al Sena en las zonas más bonitas de París lo que distrae mucho. Sólo dos pegas. Se pasa por dos parques. ¿Cuándo entenderán los organizadores que nos gusta correr por parques pero no el día de la carrera?. Son aburridos, silenciosos y cortan el ritmo.
Animación cada dos kilómetros y medio y eso es otra cosa que está muy bien. La segunda pega es más conocida: El famoso túnel D´Alma que dura más de un kilómetro. Os prometo que la calidad del aire no es la misma. No es que cueste respirar pero a esas alturas se nota y se agradece salir. Además , evidentemente,el gps no funciona. En cuanto al famoso pavés no es mucho y no es muy irregular. Ni lo noté.

Una cosa negativa, que me sorprendió, es que los puntos de avituallamiento están colocados sólo a la derecha. Imaginaros el tumulto entre los que entran al principio y los que entran a la mitad. No hay ni uno solo en que eso no pase. Te dan agua, plátanos, naranjas y, sólo al final, isotónica.

La llegada es también un poco caótica, no el cruzar la meta en sí sino en la recogida de las bolsas. La llegada está también cerrada con vallas como en Madrid pero es aún más larga y desemboca cerca del arco del triunfo. Pero claro, aquí son cuarenta mil así que llega un momento que el embudo no absorbe lo suficiente y te quedas parado y no puedes salir. Si a eso unes que estás muerto y helado (a pesar del poncho de plástico que está genial) pues te desesperas un poco. No hay , como en Madrid escapatorias si no quieres llegar al final. Afortunadamente en mi caso alguien rompio una valla y pude salir y encontrar a mi familia con la ropa de abrigo. Eso tampoco es fácil porque, con toda esa gente, el móvil se quedo sin cobertura.

La bolsa aquí si está bien. Tanto la camiseta como la medalla están orientadas a la idea de finisher.
En definitiva una carrera muy recomendable por entorno, animación, facilidad para incripción, perfil y temperaturas favorables. El público bien en general y algunas cosas a mejorar en la organización.

Ya fuera de carrera os puede pasar que aprovechéis la visita para iros con los peques a Eurodisney. Algunos comentarios. Es sorprendente como se puede recuperar un cuerpo estando cuatro días sin parar doce horas de pie y andando. El primer día las piernas fallan un poco pero aguantan. El segundo hay que estirarlas o no llegas ni al baño. El tercero te preguntas si es la mejor forma de recuperarse pero al cuarto estaba sorprendentemente recuperado. Otra cosa, justo cuando termina el maratón empiezan las vacaciones en Francia así que Eurodisney estará  hasta los topes.

lunes, 9 de abril de 2012

Plan terminado. El Domingo maratón de París.

Ya estoy listo. Lo que empezó a principios de Diciembre termina este Domingo por las calles de París.
Han sido varios meses de preparación, partiendo de la más absoluta baja forma, hasta lo que espero sea un pico la semana que viene.

En el camino me dejo las lesiones (no las echo de menos), mi marca personal en media y un par de zapatillas. Pocos contratiempos en un plan que he disfrutado mucho. Sobre todo al final, cuando puedo regalarme rodajes por debajo de cinco el kilómetro.

Si hay que hablar de objetivos diré que saldré a éso, más o menos cinco el kilómetro, y que ya veremos como sale. Según el tiempo que aguante me acercaré más a las tres horas y media pero espero, en todo caso, mejorar mi marca de 3h 44´. Estaré una semana fuera sin hacer la crónica pero, si tenéis curiosidad, intentaré actualizar la marca en Twitter y saldrá  aquí mismo a la derecha.

No estoy, de verdad, nervioso ni nada parecido. Es lo bueno de que sea la séptima. Cada vez estoy más convencido de que corro maratones para poder preparar maratones.




domingo, 1 de abril de 2012

Media de Madrid 2012. Otro año, otra crónica.

Es la carrera que he corrido más veces. Van diez si contamos cuando eran los 20 kilómetros de Madrid. Aquí empecé a correr y me sigue gustando.
Si con el Mapoma tengo siempre la sensación de que es una carrera que va a menos con ésta mi impresión es la contraria.

No quiere decir eso que la recomiende  al corredor habitual que busca correr tranquilo, hacer buena marca y que le traten bien. No, para ese ya están otras carreras como Aranjuez, Alcalá, Villalba o Segovia. Ésta es la mejor para el corredor del parque que quiere correr una carrera. Para él es una fiesta que empieza por conocer una feria del corredor y que acaba en el Retiro con una medalla al cuello.

Para otros será una carrera masificada (hemos esquivado gente de la salida a la meta), que tiene un perfil incomodo y que es cara. Cada carrera tiene su público y esta atrae a 14 mil personas que la viven como lo que es. Una fiesta.

Poco que añadir de mi carrera. Nos planteamos Rafa y yo (no como Jaime que vuela bajo) probar el ritmo de maratón (digamos unos cinco por kilómetro) y así lo hicimos cuesta arriba. Y ya que estábamos, cuando llegaron las bajadas pues nos dejamos ir para terminar en 1H 42´45´´. Esto es a 4´52´´ y en mi caso 157ppm. Bien las pulsaciones pero algo incomodo. Entre el terreno, el ritmo algo más rápido y las aglomeraciones no me he sentido mal en ningún momento pero tampoco he podido disfrutar. A eso se une una uña que decide no correr en París.